Yo empecé a jugar Tibia cuando la vida era otra: el tiempo se medía en tareas, vacaciones, horas frente a una computadora que se calentaba, y esa sensación rara de estar entrando a un mundo que no se parecía a nada. Éramos niños, adolescentes, o “casi adultos” en la década de los 2000–2010, y muchos crecimos ahí: aprendiendo a perder, a repetir, a insistir, a desconfiar, a confiar, a negociar, a reírnos con gente que jamás habíamos visto en persona.
Y hoy me pasa algo que me da un nudo bonito en la garganta: entro al juego, miro nombres que conozco desde hace más de una década… y me doy cuenta de que ya no somos aquellos chamos. Muchos ahora son padres y madres. Otros trabajan jornadas completas. Algunos emigraron. Varios se casaron. Y aun así, Tibia sigue apareciendo como una especie de “lugar seguro” al que uno vuelve, aunque sea un rato, aunque sea a mirar el depot y desconectarse.
No es que el juego nos haya detenido en el tiempo. Es que creció con nosotros.
### Cuando Tibia era una casa (y nosotros no lo sabíamos)
En esa época, Tibia era más que un juego. Era rutina. Era identidad. Era “mi char” como si fuera parte de mí. Era una conversación eterna: en el chat, en foros, en grupos, en amigos que se conectaban solo para hablar un rato mientras entrenaban. Era esa emoción de “hoy sí subo level”, y también esa frustración brutal de perderlo todo por un descuido.
Lo extraño —lo bonito— es que no recuerdo solo hunts y quests. Recuerdo sensaciones: el corazón acelerado cuando algo salía mal, la calma cuando todo salía bien, y el orgullo silencioso de lograr algo que solo tú sabías cuánto te costó.
Y por eso, cuando veo que la mayoría de los jugadores siguen siendo “los mismos” de aquella época, no me sorprende. Tibia no fue una moda para nosotros. Fue una etapa de vida.
### La vida adulta llegó… y el juego cambió de forma
Lo que antes era “jugar por jugar”, ahora es “jugar para respirar”. Muchos entran después del trabajo, después de resolver cosas reales, después de un día pesado. Ya no se trata de estar 10 horas seguidas. Se trata de estar 40 minutos y sentir que vuelves a un lugar familiar.
Y ahí es donde ocurre algo poderoso: los tibianos de esa generación no desaparecieron. Solo aprendieron a jugar distinto. Aprendieron a pausar. A volver. A retirarse y regresar. A ver el juego como un espacio que acompaña, no como un centro de la vida.
Y en ese cambio de ritmo es donde se nota más el salto generacional: el jugador que antes era un adolescente sin responsabilidades ahora puede ser un padre, una madre, alguien con hijos pequeños, alguien que juega con el oído atento por si pasa algo en casa.
Eso no es “jugar menos”. Eso es jugar con otra madurez.

### Un tibiano, tres etapas… y dos hijos: el testimonio de Manuel Castillo
Un amigo tibiano, **Manuel Castillo (venezolano residente en Colombia)**, me compartió su experiencia y me pareció tan humana que merece estar aquí, porque resume algo que muchos viven y pocas veces se cuenta con tanta sinceridad:
> "Como puedo expresar mi experiencia tibia - hijos? realmente muy interesante jajaja.
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> Puedo separarlo por etapas, la primera etapa es la del embarazo, con mi primer hijo estábamos aun en pandemia por lo que todo el embarazo fue en casa, en ese momento solo se salía para las consultas y de las consultas enseguida a casa. El tiempo de tibia era muy alto (por que había mucho tiempo).
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> Cuando nació mi primer hijo, decidí retirarme para dedicarme de lleno a el, de vez en cuando entraba, veía como estaba mi cuenta y me desconectaba. cuando cumplió su primer año, quise volver a jugar pero la concentración estaba dividida (así tuve una muerte ya que me levante a atenderlo que estaba llorando y mori con 3 medusas jajaja). Esto podría ser su primera etapa, hasta el primer año, aprendiendo a caminar, a comer, a correr, a hablar. Esos momentos para mi fueron tan grandes que me olvide de todo alrededor.
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> Su segunda etapa empezó cuando inicio el jardín infantil, ya había terminado la pandemia, mi esposa y yo volvíamos a la oficina y estábamos entrando de nuevo en la normalidad. Aquí había algo mas de tiempo, el llegaba del colegio y muchas veces se dormía temprano. Con mas tiempo, aprovechaba para jugar, salir de caza de vez en cuando y hacer alguno que otro quest solo. En esta etapa mis "vacaciones" (o retiros) del juego eran mas coincidentes con sus periodos vacaciones.Ahorita estamos en una tercera etapa donde ya el esta mas grande (4 años) y es mas independiente para muchas cosas, juega, hace sus tareas, mira la TV y ahi me queda mas tiempo para poder seguir jugando y haciendo LVL.
> A veces se acerca y se queda viendo como juego, busca imitarme con un teclado viejo y dice que también esta jugando como lo hace papá. Cuando tenga unos añitos mas, le enseño a jugar completo, para mi seria divertido tener un partner para ir de hunt.
> Ahorita tengo un segundo hijo, y es como volver a pasar de Rookgard a Main, nuevas experiencias, pero el camino a recorrer ya es conocido. Espero en un futuro volver a contar mis experiencias pero ahora con un ED y un RP (mis hijos) y yo el EK que siempre estará ahi para protegerlos, ayudarlos a subir de nivel y bloqueando todo lo que venga."
A mí esto me pega por algo sencillo: porque muestra que la vida real no “borra” a Tibia. La vida real lo reubica. Lo pone en un lugar más pequeño en el calendario… pero más grande en el corazón.
Y el detalle del teclado viejo… eso es poesía sin querer. Es el tipo de escena que solo entiende alguien que creció con el juego: un niño imitando a su papá, sin saber nada del mapa, sin entender el lore, pero entendiendo lo esencial… que ahí hay un momento compartido.
### Ser la misma comunidad, con otras vidas
Lo más fuerte de esta generación no es que siga jugando. Es que **sigue siendo comunidad**. En un mundo donde todo cambia demasiado rápido, Tibia tiene algo que pocos juegos sostienen: continuidad humana. Nombres que reaparecen. Gente que vuelve “solo a saludar”. Amigos que se pierden años y reaparecen como si nada.
Es raro, pero real: hay vínculos que duraron más que muchas amistades de la escuela.
Y aunque yo no tenga hijos (ni pienso tenerlos, jaja), me conmueve ver cómo algunos amigos ahora viven el juego desde otro lugar: como pausa, como escape sano, como tradición, como un pedacito de su historia que no se dejó morir.
### No es nostalgia, es identidad
A veces creemos que crecer significa dejar atrás. Pero con Tibia no siempre funciona así. Con Tibia, crecer fue aprender a volver distinto.
Los tibianos de los 2000–2010 no somos solo “jugadores antiguos”. Somos una generación que se formó con paciencia, con comunidad, con pérdidas dolorosas y victorias pequeñas. Y muchos hoy son padres y madres que, en medio de responsabilidades gigantes, todavía encuentran un ratito para entrar, avanzar, reírse, morir con “3 medusas”, y seguir.
Porque al final, Tibia fue un mundo… pero también fue un espejo.
Y si tú también eres de esa generación: dime, ¿qué parte de tu vida se quedó guardada en tu cuenta?
**Etien**